
Nómadas del tiempo
que acumulan brazadas de mugre
bajo las uñas
esperando un signo de aprobación
que siempre tarda y nunca
o casi nunca agrada.
Mírame, soy feliz
acaso no lo eres tú también.
Lástima,
pudimos compartir senda y bellotas
por el camino.
Nómadas en busca de la experiencia,
del vacío que pasta entre paréntesis,
de las comillas explicativas
con la verdad absoluta.
A golpe de bisturí aguardan incólumes
el primer pulso arterial,
el primer gorjeo de sangre azul principesca
que les rapte de su inopia
y les lleve a su Idaho privado.
Nómadas del tiempo
y el absurdo de vagar
por amor al arte.