
A la hora de las sombras,
cuando despiertas entre sudores
de sábanas prestadas
y te cubres la cabeza
con una esquina de la almohada,
esperas que al otro lado
nadie te vea
ni te oiga respirar.
A la hora de las sombras,
cuando todo lo inhumano
habita tu cabeza
y tu corazón se desvive
por salir de tu pecho,
por romperte las sienes
y huir,
y volar.
A la hora de las sombras
te espero en el alféizar
de tu cama de madera.
Te espero para huir,
y volar lejos,
y partirnos las alas
de tanto usarlas
cruzando la esfera del reloj,
a la hora de las sombras.