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martes, 8 de diciembre de 2009

Empuje, por favor...


A estas alturas de la noche,

me sorprendes en otro punto cardinal

distinto del tuyo, me viene mal.


Ponerse, quitarse, no hay fe

ni brilla fuerte la luna.


Me viene mal porque de puntos y cardenales

acabó llena la sala de espera en la que

te conocí.


Tal vez sonreías, tal vez no, pero en tu defensa

he de decir que fuimos grandes,

entre nubes químicas y algodón de azúcar.


Ponerse y quitarse, desnudar el alma,

volverla a digerir, acariciar la hierba

con la punta de los dedos y regresar al alba

con las bodegas repletas de pescado.


Ultracongelado.


A estas alturas de la noche

me suele venir mal porque zarpo.

Quizás un día te busque y volvamos a la mar.


Tendremos que empezar

a empapelar las paredes del cuarto de máquinas.




lunes, 7 de agosto de 2006

Vuela...















Dicen las malas lenguas
que fuí pasto de las llamas,
que por mucho que corrí
nunca doblé la esquina.

Cuentan que me fuí consumiendo
poco a poco, que ya no salía
a la luz del día,
ni a la de la noche.

Lentamente me transformé
sin pena, ni dolor alguno.
Eso dicen, pero no es así.

Ahora lo comprendo todo.

Ahora soy libre, campo a mis anchas
tomo de aquí y de allá,
sin preocupaciones,
hasta que rebose el vaso
y se incline la balanza.

Ahora fumo, bebo, canto y río
como solía hacer antaño
rodeado de ninfas en los prados.

Como hace mucho tiempo
cuando las tardes eran plomizas
y me buscabas en mi atalaya.

Como cuando yo leía
al "flaco de Úbeda"
encaramado a una roca,
y tu sonreías
de lejos.

Ahora todo es como debía haber sido,
nunca a mi antojo, siempre contradicho.

En espera de subir al último vagón.